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 El debate por los alimentos transgénicos
Vegetales de larga duración y resistentes al frío son algunas de las promesas de la ingeniería genética que despiertan el temor de los ecologistas.

Por Patricia Coello,

Tomates de larga duración, verduras resistentes al frío, cerdos con más costillas, legumbres que resisten la acción de los herbicidas... Muchos son los productos que, actualmente, son modificados genéticamente. Se trata de los llamados alimentos transgénicos, para los cuales la comunidad internacional no ha logrado un acuerdo respecto de un Protocolo de Seguridad Biológica que controle el comercio mundial de organismos genéticamente modificados (OGM).

Años de investigación han permitido crear productos alimenticios con la intervención humana en su propia composición genética. Se trata de alimentos que provienen de organismos a los que se les han incorporado genes de otras especies para producir una característica deseada. Por ejemplo, tomar los genes que permiten a un pez resistir el frío e incorporarlos a un tomate.

Los organismos transgénicos son seres completamente nuevos en la tierra, ya que, de manera natural, los animales no comparten los mismos genes que los vegetales.

La voz de quienes se oponen

"Hasta ahora no se sabe qué consecuencias puede traer a mediano y a largo plazo el consumo de productos transgénicos", dice Miguel Mercado, de Comunicaciones de Greenpeace, en Chile.

Otro de los efectos que pueden desencadenar estos alimentos son las alergias, razón por la cual es imperioso que sepamos cuándo las proteínas de un alimento han sido modificadas.

Asimismo, la organización defensora del ambiente argumenta que no se han realizado estudios suficientes para determinar el impacto ambiental de estos productos, lo cual -sostiene- es alarmante, puesto que los efectos ocasionados por los nuevos organismos sólo pueden evaluarse veinte o treinta años después de que se liberen en el ambiente, cuando los cambios ya sean incontrolables e irreversibles.

La misma postura es compartida por Patricia Araos, ingeniera en alimentos de la Organización de Consumidores y Usuarios de Chile (ODECU): "Hoy en día la comunidad científica está dividida; por esta razón nosotros hemos hecho todo lo posible para que no se comercialicen productos de procedencia desconocida. Nuestra posición es que todos aquellos alimentos derivados o que tienen algún insumo que viene de la tecnología transgénica deben informar a los consumidores".

Las razones de la ingeniería

Ricardo Uauy, director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (Inta), asegura que es evidente que muchos de los organismos genéticamente modificados (OGM) que se comercializan en la actualidad no implican un riesgo para la salud humana; incluso tienden al equilibrio en ciertos déficits alimentarios.

Según el Inta, los beneficios de los alimentos transgénicos pueden ser:

  • Para la salud o nutricionales.
  • Para la preservación, duración o vida útil del alimento.
  • Para la producción, mejor utilización de las tierras de cultivo o menor uso de pesticidas en la producción agrícola.
En el caso del beneficio nutricional, Uauy cuenta -por ejemplo- que se pueden obtener cultivos de mayor valor nutricional, se puede cambiar la composición de las grasas, producir animales con mayor eficiencia en la reproducción, crecimiento y productos derivados, entre otras cosas.

"Hasta la fecha no hay casos probados de daño producido por el consumo de transgénicos. Sin embargo, la clave está en que estos alimentos estén bien evaluados y que los agentes reguladores comprueben eso", dice Uauy. Y agrega que desde hace algunos años existe un acuerdo que prohíbe el uso de genes resistentes a antibióticos en la producción de OGM.


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